Estamos
acostumbrados en esta vida a hacer mil y una clasificaciones de la gente, por
su forma de ser, por su físico, por los gustos… Inútilmente de una forma u otra
clasificamos, incluso sin conocer tanto como debiéramos para poder hacerlo.
Personalmente
siempre me ha costado clasificarme en un aspecto, y es en esa dualidad
optimista-pesimista (a la que creo que se debe agregar la de apático o pasota,
es decir esa gente a la que todo lo que ocurre a su alrededor, o gran parte de
ello, lo dejo indiferente; aunque lo podemos englobar en una subcategoría de los
pesimistas si se quiere), y acabé dándome cuenta que por norma general no
pertenezco a ninguna de ellas, yo soy un ‘retista’.
Antes de entrar
a desgranar que somos los ‘retistas’ creo que es de recibo explicar por qué no
me englobo en los grupos anteriormente citados, y es que ya lo dice Shotta en
Naaaah Naaah Nahh, “Pa' saber lo que soy,
tuve que saber lo que no era”. La realidad es que siempre me consideré muy
pesimista de cara a lo que me incumbe –o eso dice quien me conoce, yo lo llamo
ser realista; esto quizás podría dar para una entrada completa, así que lo
pasaremos por encima– y sin embargo de cara a los demás siempre intento que
vean el lado positivo, el cómo se puede encontrar una enseñanza hasta de algo
que te causa o ha causado daño; por tanto ¿qué carajo era yo? ¿Optimista,
pesimista o todo lo contrario?
El concepto ‘retista’
surgió durante un entrenamiento, en uno de esos pocos momentos del día que
tengo para estar realmente conmigo mismo y poder pensar. Siempre me gusta
pensar en las cosas que me preocupa cuando estoy entrenando para intentar
reconvertirlo en fuerza para seguir adelante –bueno, y porque si no lo hago en
ese momento lo normal es que el único otro momento del día que tenga para
hacerlo sea antes de dormir, y entonces… no duermo– y entre unas cosas y otras
me di cuenta de porque llevaba unos meses algo bajo –aparte de por diversos
cambios en mi vida que repercutían directamente en el modo de vida y el día a
día, pero para eso no hacía falta pensar–, y es que llevaba casi un año sin
plantearme un reto de verdad.
Hace mucho
tiempo dije que necesitaba un reto al día. Si ya dijo Charles Chaplin que “un
día sin sonreír es un día perdido”, yo para sonreír necesito superarme o haber
hecho el día más sencillo a alguien. Así pues tocó pensar, y es que desde una
lesión de rodilla a principios marzo de 2013 había dejado de correr (todo esto
surgió en mi primer entrenamiento tras haber salido a correr apenas cuatro o
cinco veces en ese año y siempre teniendo que parar por molestias), tras
superar mi último reto –prepararme y correr mi primera media maratón– apenas
había afrontado un par de cosas de relativa dificultad y habían sido de carácter
académico (por lo que aunque las superara no me reportaron gran satisfacción,
sino más bien era haber superado una obligación). Así me di cuenta que para
volver a sonreír, para volver a ser esa persona que se encontraba bien consigo
mismo –clave para estarlo con los demás– necesitaba activarme de nuevo, volver
a tener retos, levantarme cada día con un objetivo que sabía que superaría
porque si algo depende de mí mismo nada podrá impedirme lograrlo.
Así es como
nació el concepto ‘retista’. Y estoy seguro, o eso quiero creer, que ahí fuera
hay cientos de ‘retistas’, que no soy el único que necesita tener metas y
cumplirlas. Seguro que hay mucha gente que busca superarse cada día, y que eso
es lo que les hace ver la vida de una forma diferente, ni optimista ni
pesimista, sino ‘retista’.
¿Y tú, qué
eres?
Un saludo y
¡sed felices!
Nota del autor:
el texto final no se parece en nada a lo que tenía previsto escribir, pero es
lo de menos ya que es lo que el cuerpo me ha pedido cuando me he puesto ante el
folio en blanco. Ya lo decía en la primera entrada: todo sucede porque tiene
que suceder.